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Резюме
Identifier: elsiglodelastini02orte (find matches)
Title: El siglo de las tinieblas, o memorias de un inquisidor; novela histórica original
Year: 1868 (1860s)
Authors: Ortega y Frías, Ramón, 1825-1883
Subjects:
Publisher: Madrid, Galería
Contributing Library: Robarts - University of Toronto
Digitizing Sponsor: University of Toronto
Text Appearing Before Image:
scando á Isabel; perono la vió. Jacobo debió comprender el significado de aquella mira -da, y desplegó una leve sonrisa. La agitación de David y el trastorno consiguiente á susorpresa y alegría por aquel feliz descubrimiento, no le per-mitían hacer lo que hubiera hecho en otras circunstancias,por lo cual, tomando casi al pié de la letra el consejo deSimón, empezó diciendo:—Señor Jacobo... —Venís equivocado,—interrumpió el médico con calma. —Nada tenéis que temer, estáis absuelto por la Inquisicion, os aguarda vuestra esposa... •—Caballero,—volvió á interrumpir Jacobo, sospechandoque se le tendía un lazo,—repito que os equivocáis. —jOh!—exclamó el huérfano con impaciencia.—Ya nosencontramos en París y un error fatal nos separó; pero ahorano sucederá lo mismo. No debéis haberme olvidado: enton-ces me creísteis enemigo como el señor Antolin de Santoyo,que era un agente, un instrumento del abate Florentin. —Lo que decís no lo entiendo.
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DE LAS TINIEBLAS. 577 —¡Vive el cielo!—gritó desesperadamente David. —SoisJacobo de Tordesillas, á quien he buscado con tanto afán;sois el esposo de Isabel de Linares, á quien saqué de los ca-labozos de la Inquisición; sois el padre de la inocente niñapor quien arriesgué la existencia, probándolo esta cicatrizque veis en mi frente. He visto á vuestra hija, la he recono-cido, porque es el retrato de su madre, y no he querido per-der un momento... —Basta, caballero. —Sí, basta de disimulo. Jacobo, que seguía creyendo que se le tendia un lazo,acercóse al huérfano con ademan nada tranquilizador, y Diossabe lo que hubiera sucedido si en aquel instante no sonaraen el inmediato aposento la voz de Isabel, que gritaba conacento de un júbilo indescriptible:—¡David, el ángel David! Y tras la voz sonaron los pasos de la jóven, que andabade un lado para otro, buscando la puerta y tropezando conlos muebles. —¡Es ella, es ella!—exclamó el huérfano. Y antes de qu