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El siglo de las tinieblas, o memorias de un inquisidor; novela histórica original (1868) (14591108567)
Резюме
Identifier: elsiglodelastini02orte (find matches)
Title: El siglo de las tinieblas, o memorias de un inquisidor; novela histórica original
Year: 1868 (1860s)
Authors: Ortega y Frías, Ramón, 1825-1883
Subjects:
Publisher: Madrid, Galería
Contributing Library: Robarts - University of Toronto
Digitizing Sponsor: University of Toronto
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amorar. —Señora, os amo. —;AhL. —Os adoro, y sin vuestro amor, jpor Satanás! sin vuestroamor... —Sosegaos, caballero, sosegaos y contened los impulsosde esa pasión que os enloquece. Vuestro amor lo revela elfuego de vuestros ojo?; pero yo... yo... —Vos... —Soy casada... Mis deberes... —Señora, amadme, amadme pronto, porque tengo conta -dos los minutos, y cada uno que pasa sin matar á vuestromarido, me parece un siglo de agonía. —Es preciso que renunciéis á ese duelo, es absolutamentepreciso... — ¡Que renuncie á matar á ese miserable!... —Sí, desistid de ese duelo, sed generoso y perdonad, y encambio haré el sacrificio de mis deberes, me dejaré llevar delos impulsos de mi corazón y os amaré. —¿Me prometéis amarme? —Sí. —No quiero á tal precio vuestro amor.—Acercaos,—repuso Angélica con acento dulce y supli-cante. Y extendió los brazos hácia el mancebo.No le hubiesen espantado más á Marbut las negras manosy largas uñas de Satanás.
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—Acercaos,—repuso Angélica con acento dulce y suplicante. DE LAS TINIEBLAS. 347 Le fué imposible contenerse y volvió á retroceder, gri-tando fuera de sí:—¡Por el infierno!...— ¡Enrique, Enrique!... —La vida, el honor... ¡Lléveselo todo el diablo! —¡Ah!..,—exclamó la vieja;—esto sí que es amor, esto esuua pasión verdadera... Hé ahí un corazón de fuego, un co-razón como el mió... Hemos nacido el uno para el otro...Perdona, Antolin, perdona; pero no es culpa mia que la fa-talidad nos haya hecho desgraciados por habernos unido doshoras antes de lo que á nuestro reposo con venia. El caballero estaba desesperado y empezó á recorrer elaposento como un loco. Las leyes del honor tienen tal fuerza, que aún vacilaba e!jóven para salir de allí sin haber cumplido fielmente su pa-labra. Empero no era posible que la cumpliera.¿Cómo él mismo habia de ayudar para que la burla fuesemayor? A costa de todo hubiera cumplido su palabra; pero no ácosta de su digni